Ribbons Undone

10 diciembre 2006

De los franceses olorosos y gruñones

Y sí, en este viaje a París mi primer contacto frontal (y nasal) con un francés involucró hedores y humores, la magnitud de los cuales es indescriptible a través de este medio. En fiel representación de todos los valores que la cultura francesa guarda sagrados, mi compañero de asiento en el Eurostar olía -simultáneamente- a: ajo, vino, cigarro, vejez. Los momentos más álgidos se daban cuando mi querido franchute bostezaba, mientras hojeaba una revista de alta moda en diseño de interiores. Pregúntome, ¿qué razón de ser tiene una sala decorada de manera ultra-chic si uno huele mal?

Gruñones, oui, bien sur. A los franceses les gusta pensarse un pueblo extremadamente refinado, sutil y elegante, pero esta auto-construcción identitaria se esfuma en cuanto ponen pie en los sistemas de transporte colectivo. Sí, la dama ataviada con su pashmina de cashmere y sus lentes Chanel también tiene codos y tacones, y sabe como utilizarlos a su mayor ventaja. La verdad es que estas pequeñas incomodidades de la vida son toda la razón de ser para el buen francés, pues así nunca carecerán de pretextos para andar refunfuñando por la vida.

De los viejos amigos y los fantasmas

Y cual fuera mi sorpresa al recibir respuesta a un mensaje que le envié al buen Pablo-Pablete. Esto involucró la conjunción de astros diversos, rituales esotéricos y un número de móvil que no ha cambiado en tres años. De inmediato al cotilleo: Pinche-Pablo-gachupín (como le gusta ser llamado; mejor conocido por algunos de ustedes como "El Cacahuetes") preguntó por todos los conocidos mexicanos y les mandó un cálido saludo fraterno articulado más o menos así: "Hola pinches güeyes, chido, chido, chale". A Blanca y a Chino, especialmente, les envía un ojo cuadrado tamaño Mega-Pantalla.

También vi a una fantasma. Saliendo del Louvre tuve la aparición de Isabel, también ex-becaria, ella de la hermana patria de Argentina. Fue un encuentro encantador-sencishito-y-carihmático. Luvly, como dirían en mi rancho, Cardiff.

De la titulación, los museos y la cultura parisina

No hay que olvidar que mi viaje por tierras apestosas tenía como propósito asistir al examen de titulación del ahora Doctor con mención mega-hiper-honorífica, Tomá Shleser (no quiero saber como se escribe correctamente, a decir verdad; involucra demasiadas consonantes). El carismático, brillante, gracioso y otrora soltero Tomá salió eufórico de su examinación que duró, mmmm, por qué no... CUATRO horas. Y de su examen puedo concluir: que Courbet era rojillo, que se puede intentar hacer un estudio diacrónico Y sincrónico a la vez en la historia del arte, y que a los franceses les encanta escuchar el sonido de su propia voz.

Otros lugares/eventos académicos hyper-intellos a los que asistí: el nuevo museo Quai de Branly (elefante blanco del saliente Chirac, que ama el arte no-occidental y decidió erigirle un museo que esté a la vanguardia del pensamiento sobre el Otro; sin embargo, muchos lo critican, diciendo que es un bastión más del neo-colonialismo humanitario), la exposición William Hogarth en el Louvre (claro, solo yo voy a París a ver un artista inglés) y una conferencia sobre la ideología del imperio británico (repito, repito, solo yo voy a escuchar pláticas sobre ingleses a París).
"Antes"
"Después"

(Hogarth. Díptico sugerente y muy divertido en el cual hay que notar lo que sucede antes y después entre hombre y mujer. Detalles especialmente divertidos: en el primer grabado, en la pared del fondo se puede ver el cuadro de un querubín encendiendo un cohete; en el "Después", se ve un segundo cuadro del mismo querubín extremadamente satisfecho porque ya lanzó su cohete. También hay que fijarse en el perro, que en "Antes" aparece activo mientras que en "Después" ya duerme.)

Del hedonismo parisino y sus limitantes

París huele a pan y a chocolate (bueno, salvo en espacios cerrados, en donde sabemos que huele a ajo, vino, cigarro y vejez). También huele a macarrones, a foie y a escargots. Tristemente, sólo me quedé con los olores del foie y de los macarrones. Esto se debe a que ya no soy Rockefeller en París, sino Nash of Cardiff. Y cuando uno se pone a pensar, hacer una fila de una hora para entrar a Ladurée y encima pagar a 50 pesos cada estúpido macarrón, pues como que se siente grosero. Sin embargo, hubo caracoles, patés galore y mucho, pero mucho, pero mucho vino bueno. Para la próxima voy a Ladurée cuando no haya cola y me compro tres macarrons miniatura (¡sólo 20 pesos cada uno!) para hacer como que sigo siendo una tía de lo más chic.

Del regreso de la maleta pródiga y de lo feliz que esto me hace

Y para mi sorpresa e infinita felicidad, al regresar a Cardiff (donde el clima está peor que N U N C A) encontré una nota en mi cuarto diciendo que me llegó un paquete ("black case") a la administración, que pase a recogerlo lo más pronto posible. No quisiera ilusionarme demasiado, dado que es domingo y la administración está cerrada, pero creo que es mi maleta pródiga que regresa a mí después de estar arrumbada en alguna esquina de Heathrow los últimos tres meses. En la página de British dicen que, efectivamente, ya mandaron mi maleta por mensajería a mi dirección, así que si todo esto es cierto, ¡ya tengo maleta, con un soberano demonio!

Apéndice: Beigbeder dixit
(Fragmentos de la última novela de Frédéric Beigbeder, titulada "L'égoïste romantique".)

-Quand tu sais pourquoi tu aimes quelqu'un, c'est que tu ne l'aimes pas.
-Cuando sabes porque amas a alguien, es que no lo amas.

Les hommes sont toujours entre une ex et une future, car le présent ne les intéresse pas. Ils préferent naviguer entre la nostalgie et l'espoir, entre la perte et le fantasme, entre la mémoire et l'attente. Nous sommes toujours coincés entre deux absentes.
Los hombres siempre están entre una ex y una futura, ya que el presente no les interesa. Prefieren navegar entre la nostalgia y la esperanza, entre la pérdida y la fantasía, entre la memoria y la espera. Estamos siempre atrapados entre dos ausentes.

Arreter d'aimer, c'est encore pire que d'arreter de boire.
Dejar de amar, es todavía peor que dejar de beber.

Toutes mes déclarations d'amour arrivent soit trop tot, soit trop tard. Parce que je ne dis "je t'aime" que pour séduire ou rassurer.
Todas mis declaraciones de amor son hechas ya sea demasiado pronto o demasiado tarde. Porque yo digo "te amo" sólo para seducir o asegurar.

Etre amoureux, c'est etre etonné. Quand l'étonnement disparait, c'est la fin. Dans l'amour il y a 90 % de curiosité contre seulement 10 % de peur de mourir abandonné comme une vieille merde.
Estar enamorado es estar sorprendido. Cuando la sorpresa desaparece, es el final. En el amor hay 90 % de curiosidad contra solamente 10 % de miedo de morir abandonado como una mierda vieja.

Antídoto al cinismo beigbederiano:
Every so often, on a windy day, he went to the lake and spent hours looking at it, because, drawn on the water, he seemed to see the inexplicable spectacle, light, that had been his life. (A. Baricco, Silk)