Tributo a Baudrillard (1929-2007)
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La seducción forma parte de una cultura de la crueldad.
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Nunca estamos exactamente presentes ante nosotros mismos o ante los otros. Por lo tanto, no somos exactamente reales para el otro, ni somos siquiera bastante reales para nosotros mismos. Y esta radical alteridad es nuestra mejor oportunidad: nuestra mejor oportunidad de atraer y de ser atraídos por los otros. De seducir y de ser seducidos. Dicho simplemente, nuestra oportunidad para la vida.
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El reto, no el deseo, está al centro de la seducción.
Así, uno se puede imaginar que en una seducción amorosa el otro es el sitio de tu secreto -el otro, sin saberlo, posee aquello que nunca tendrás la oportunidad de conocer.
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Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión.


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